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Panadería El Progresso: : PAN HECHO CON DEDICACIÓN Y SABOR

Posted on Thursday, May 1, 2008

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Su papá tenía un hornito de adobe y, cuando Delia Herrera tenía 8 años de edad, debía salir junto a su hermana Berta a vender pan de puerta en puerta en su pueblo de El Correo, a 15 kilómetros de Morelia, Michoacán.

En el poblado había una escuela que llegaba sólo hasta el cuarto grado de primaria y, queriendo terminar sus estudios, viajó con su padre hasta la capital mexicana a terminarlos. De regreso al pueblo pudo observar como hacían en su casa la masa y las diferentes formas que le daban al pan.

“ Nosotros éramos muy pobres, soy la mayor de 11 hijos y todos dormíamos en petates. No había luz, menos pensar en tener televisión. No se salía del pueblo, inventábamos nuestros juegos a las muñecas con elotes y la melena era su pelo el cual trenzábamos; las vestíamos de los retazos de las almohadas que fabricaba mi madre; jugábamos al caballito de palo y, como no había pelota, la hacíamos con trapos”, dijo Herrera.

El pan sólo se hacía el fin de semana y no daba para vivir, por lo que su padre se iba a trabajar seis meses a la capital, sintiendo su ausencia en su corazón. “ Yo trabajaba con los hacendados en la cocina y en la limpieza, ganando $ 200 al mes, todo para darles de comer a mis hermanos”. A sus 13 años conoció a Alfonso Herrera y su noviazgo duró 3 años. Se casaron en una ceremonia muy sencilla y el fruto de los 33 años de matrimonio son 7 hijos. Dos meses después de la ceremonia se fueron a vivir a Santa María, California. Cultivaron fresas para otros y luego para ellos. Plantaban, cuidaban, piscaban y vendía.

LOS MALOS DÍAS Luego vendría la mala racha. El invierno acabó con las cosechas, murió la suegra, el marido entró en gran depresión y las deudas se acumularon. Entonces pensaron en Arkansas, por idea de una sobrina.

Herrera dice que llegaron sin un dólar. Un desconocido llamado Isaías (no recordó el apellido ) les brindó hospedaje y comida para ellos y seis de sus hijos.

Al poco tiempo trabajaban en Tyson, pero un gran malestar del hombro de Delia le impidió continuar y la economía familiar volvió a desequilibrarse.

Su hermano le propuso en el año 2000 hacer pan, “ entonces compré harina, azúcar, manteca, mantequilla, levadura en Wal-Mart e hice mis primeros panes, los llevé a que los probaran a las que habían sido compañeras de trabajo y me hicieron los primeros pedidos, entonces tuve que comprar más ingredientes”.

Seis meses después pudieron comprar una casita en Springdale y en el garaje construyeron la primera panadería mexicana, haciendo 20 tipos de pan con un horno de cinco charolas y una vitrina, laborando solamente los padres, pues los hijos estaban estudiando. En 2002 comenzaron a vender comida, complementando y mejorando el servicio.

“ Vengo a la panadería porque me encanta el pastel de 3 leches, el pan es variado y rico. Hace más de un año que vengo a comprarlos”, dijo Aleyda Argueta.

“ Dos veces por semana vengo a comprar pollo asado porque me recuerda como se prepara en mi país; el pan es para tomar chocolate, a mis hijos les encanta”, dijo Martha Jorge, otra cliente.

“ Ya estamos en el 2008, hemos avanzado mucho, mi familia le ha agarrado amor al trabajo, se interesan por continuar y ya conocen el manejo y movimiento de la panadería; muchos nos estiman, eso me hace sentirme contenta. Dios nos ha bendecido con nuestros hijos, el trabajo y los amigos”, termina diciendo Delia de su panadería El Progresso.